El padre de Nyck de Vries confesaba que no podía creer que fuera el propio Martin Whitmarsh quien le diera la bienvenida al llegar a la sede de McLaren, el pasado mes de enero. El número uno del equipo británico estaba acompañado por Anthony Hamilton, padre de Lewis. Nyck, uno de los talentos más espectaculares y precoces de los últimos tiempos en el mundo del karting, entraba a formar parte de la estructura de McLaren con tan solo catorce años.
El jovencísimo piloto holandés destaca por ese don natural, o divino para algunos, con el que son bendecidos un escaso número de privilegiados. Y que permite afirmar, como fuera el caso de Alonso o Hamilton en su día, que son ya pilotos de Fórmula 1 a falta solo de que el tiempo plasme ese don en cada categoría. Muchos imponderables acechan en el complejo mundo del automovilismo, pero en casos como el de De Vries no se trata de plantearse si llegará algún día a la Fórmula 1, sino de cuándo lo logrará, y cuánto tardará en proclamarse campeón. Quien quisiera haber conocido como fue la trayectoria en la infancia de talentos precoces como Hamilton o Alonso, tiene en Nyck de Vries un perfecto trasunto de ellos.